“Pray away: reza y dejarás de ser gay”

Documental correcto, no cuenta nada que no sepamos ya, pero necesario mientras la realidad sigue siendo la de un presente en el que el reconocimiento legal del derecho a ser uno mismo se queda en demasiadas ocasiones en papel mojado por la presión y el rebuzno de determinados colectivos que pretenden que volvamos a las cavernas para maltratarnos impunemente e impulsarnos a la autodestrucción.

Días atrás supimos que la multa que condenaba a una mujer por “la promoción y realización de terapias de aversión o conversión” a personas homosexuales era anulada por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid porque la Comunidad de la libertad había tardado 31 meses en tramitar el proceso sancionador. Doble mala noticia, el atentar contra los derechos humanos quedaba impune y el gobierno que se supone trabaja por el interés general de todos los madrileños evidenciaba no sabemos si una incompetente gestión administrativa o un deliberado cohecho al impedir la aplicación práctica de la Ley 3/2016, de 22 de julio, de Protección Integral contra LGTBIfobia y la Discriminación por Razón de Orientación e Identidad Sexual en la Comunidad de Madrid.

A día de hoy, y en contra del principio de transparencia que se le presupone a toda administración pública, ésta no ha dado explicación alguna del porqué de su irresponsabilidad, cómo pretende enmendar el daño causado y evitar que algo así vuelva a suceder. Un caso patrio al que podemos acercarnos desde distintos planos y en el que podemos ver puntos en común con lo que cuenta Pray away. La existencia de organizaciones y personas que se sirven de la debilidad emocional de muchas otras para construir su agenda política, hacer de la mentira y la manipulación una manera de ganarse la vida y un medio de mantener a flote su megalomanía.

El valor de estos ciento diez minutos es que quienes nos lo relatan son antiguos dirigentes de entidades que decían ser capaces de ayudar a quienes acudieran a ellos a dejar atrás su homosexualidad para -bendición de Dios mediante- abrazar el equilibrio, el orden y el sosiego de la heterosexualidad. Sí, en EE.UU., pero volviendo al párrafo anterior, nada de lo que estemos libres aquí si nos atenemos a las prácticas nada éticas de determinadas instituciones confesionales y a las propuestas y discursos retrógrados de buena parte del arco político.

Lo diferente de esta producción de Ryan Murphy es que se centra única y exclusivamente en los testimonios, más allá de una labor de documentación que contextualiza, no hay una voz en off que nos guíe -algo que la hubiera beneficiado desde un punto de vista narrativo-. Lo deja todo en la fuerza de las palabras, la elocuencia de la retórica y la desnudez de lo expuesto en primera persona. Cada individuo con sus particularidades y especificidades, pero con líneas generales comunes.

La confusión que les supuso sentir pulsiones homosexuales cuando comenzaban la adolescencia por ir en contra de lo que habían escuchado hasta entonces. La reacción en contra de sus progenitores, respondiendo como si estuvieran ante algo a corregir. La propuesta de salvación de grupos ligados a la iglesia afirmando con rotundidad que el cambio era posible. Los largos programas de manipulación psicológica y de aislamiento social que siguieron después. Procesos falsamente terapéuticos que convirtieron a algunos de ellos en las personas que no eran, así como en los generadores del daño que sufrieron muchos otros a través del dogmatismo, la soberbia y la falsedad de sus intervenciones públicas, infringiéndose a sí mismos un dolor aún más pronunciado con el que aún están aprendiendo a convivir.

Mientras haya gente a la que ayudar a recuperar su salud psicológica producto del maltrato sufrido como consecuencia de su orientación sexual, y no vivamos en un entorno social, mediático y político que reconozca y respete la diversidad (no todo en esta vida es hombre sobre mujer, blanco sobre negro, heterosexualidad sobre homosexualidad) serán necesarios documentales como este, películas como La (des)educación de Cameron Post o testimonios recientes como el de Identidad borrada de Garrard Conley. Hasta que este horizonte no sea una realidad constatada y consolidada, hasta que la Comunidad de Madrid no respete los Derechos Humanos y sus propias leyes, será necesario que se sigan produciendo y viendo títulos como Pray away.

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