“Material de contrabando” de José Gutiérrez Román

Las palabras son una herramienta con la que evocar el pasado. No con ánimo de ensoñamiento, sino de fijar los puentes que lo unen con el presente. Pero también un deleite, una manera de gozar con la posibilidad que nos dan de fijar imágenes e imaginar y soñar realidades paralelas, así como transmitir emociones y sensaciones tan etéreas y frágiles como sólidas y perdurables.

Los 34 poemas de Material de contrabando están agrupados en tres bloques. En el primero, En este impreciso instante, entramos en un mundo de detalles externos, aparentemente imperceptibles, pero que resultan significativos por lo que despiertan en José Gutiérrez Román (Burgos, 1977). Hay algo de su personalidad, de su manera de ser y estar en el mundo que se materializa en los elementos que atraen su atención, despiertan su verbo y le llevan a articular la retórica con la que los convierte en alegorías de sí mismo. Perennes uno, como el clavo en la pared, caducos otros, como la hoja del árbol que cae cada otoño. Testigos mudos, pruebas fehacientes del paso de la vida, lo mismo da que la contemplemos como una línea narrativa obligada a ir hacia adelante que como una continua sucesión de ciclos.

Los más emotivos son aquellos en los que también se observa a sí mismo, poemas en los que une sin costuras pasado y presente, contrastando lo que fue y hoy no es en un ejercicio de elucubración de lo que podría haber sido. Asertividades con las que transmite el pálpito de su corazón y las pulsiones de su cuerpo, aquel que compartió con voluntad de trascendencia durante la absolutidad de su adolescencia y primera adultez, ya fuera en el descampado que hoy observa desde su centro de salud, en el recordado salón de los padres de aquel amor y pasión de juventud o en el portal y la escalera del piso en el que se celebraron tantas fiestas.

Tiempo que no utiliza como recurso simbólico o filtro épico o romántico, sino como una prueba objetiva de que hay elementos que nos muestran que evolucionamos a la par que seguimos siendo los mismos. Muertes incompletas, el segundo grupo de poemas, incide en esa mirada que quizás tenga más de interrogante sobre el presente. Manera con la que el ganador del Premio Adonais de Poesía en 2010 busca reconocer quién fue y de dónde viene, al tiempo que despertar en nosotros la curiosidad de por qué lo hace, ¿para disfrutar sin más? ¿para aclarar las coordenadas de su aquí y ahora?

Por último, en Pila de palabras, José despliega su saber hacer con el elemento que le da título, desvelando a su vez su esencia, su deleite con el proceso de elaboración y construcción literaria, medio con el que viaja dentro de sí y revela su particular manera de vincularse con el mundo que habita y las personas con que se relaciona (deducible que buena parte de ellas sean aquellas a las que van dedicadas hasta catorce de estas creaciones).  Tras haberse referido a Garcilaso (delicioso soneto el de Otra vuelta de tuerca) y a Rilke en los bloques anteriores, estos últimos poemas tienen un tono más hondo y lírico, ya no son una expresión diáfana, sino una apertura desde la que dejar intuir su concepción de lo efímero, lo doloroso y lo desconocido, pero también de lo ilusionante y lo esperanzador.

Material de contrabando, José Gutiérrez Román, 2020, Editorial Difácil.

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