“Con lo bien que estábamos” y lo mucho que nos reímos

Qué arte, qué lujo y despiporre el de la Ferretería Esteban. Un espectáculo que suma esperpento, absurdez y espíritu clown. La atemporalidad de la tradición, de los clichés, los recursos y los guiños que si se manejan bien siguen funcionando. Jorge Usón magnífico. Carmen Barrantes espléndida. Qué percal, qué presencia y qué voz las suyas. De la comedia al drama y de ahí al musical. Y José Troncoso, demostrando una vez más su capacidad para convertir el costumbrismo en ironía, humor y socarronería.

Lo maño, lo español, lo autóctono y lo popular como ingredientes de una fiesta y un jolgorio en el que lo narrativo y lo espiritual nos hacen reír de manera continua, sin tregua, sin descanso. Cuando no es por lo que se dice, es por cómo se dice, o por cómo gesticulan y se mueven Jorge y Carmen. Pareja compenetrada, complementarios, cómplices, articulados para ser siempre dos sin dejar de ser cada uno de ellos. Modernos a la par que vintage. Evocadores de Lina Morgan, Gracita Morales, Paco Martínez Soria, Rosa María Sardá, Chiquito de la Calzada y otros muchos siendo también auténticos. Recogiendo su esencia, tics, gags y chascarrillos e incluyéndolos en sus propias ocurrencias, ideas, capacidades y expresividades para embarcarnos en algo conjunto.

Un viaje en el que tanto ellos, tripulantes de cabina, como nosotros, viajeros ávidos de nuevas experiencias, confluimos entregándonos completamente y retroalimentándonos hasta hacer de la Ferretería Esteban un lugar mágico, un establecimiento en el que no se recuerda cómo se entró pero del que sabes que no quieres salir. ¿Quién querría dejar un lugar en el que siente que hasta lo más absurdo, nimio e intrascendente puede convertirse en motivo de chanza, en sonrisa dibujada y risa compartida? ¿Para qué vamos al teatro sino para sentirnos abstraídos, transportados y convertidos en aquello que no somos o quisiéramos ser? Usón y Barrantes nos hacen felices durante hora y cuarto. ¿Se puede pedir más?

Troncoso es el mago con muchos trucos tras ellos. El prestidigitador escénico que decide con precisión puntillista dónde se ilumina y cuándo ha de sonar la música. El antropólogo que -como en Las princesas del Pacífico o Lo nunca visto– destila lo que prejuiciosamente tachamos de común, plano y anodino y nos muestra la autenticidad y el valor de su humanidad. El escritor que ha concebido este matrimonio ferretero que permanece a esa especie de profesionales, ciudadanos y vecinos a los que la globalización, la modernización y la tecnificación ha engullido hasta casi no dejar rastro de ellos. El director que cual abrillantador de diamantes convierte a Jorge y Carmen en ese matrimonio bien avenido, peculiar y particular que son Esteban y Marigel.

Un hombre y una mujer, un marido y una esposa aparentemente grises, plúmbeos, pero que llevados por la senda de la sorpresa y la imaginación despliegan registros que les convierten en seres oníricos y alucinados, en cantantes que hasta bailan dando el do de pecho, en humoristas que provocan, escandalizan y encandilan. Con lo bien que estábamos no es solo el título de esta función, es también la interjección que vendrá a nuestra mente cada vez que recordemos cómo nos sentimos viéndola y viviéndola.

Con lo bien que estábamos, en el Teatro Español (Madrid).

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