“Todos lo saben”

Un guión muy bien trazado, con una historia que evoluciona sin perder un ápice de tensión hasta su momento final. Un reparto compacto, brillante, lleno de talento. Y una dirección que convierte todo esto en una gran película, en una cinta que con su extremo desasosiego te tiene pegado a la pantalla y con el corazón en un puño a lo largo de toda la proyección.

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En la fiesta nocturna de una boda una adolescente desaparece sin dejar rastro. El saber hacer de Asghar Farhadi convierte lo que hasta entonces había sido una minuciosa exposición del secano y familiar costumbrismo español en una dolorosa vivencia de desconcierto y desasosiego. La convivencia torna en sospecha y la armonía en una tensión paralizante en la que la faz de todos los personajes cambia completamente. Ese es el primer acierto y gran logro de Todos lo saben. Sus dos realidades son totalmente diferentes, no solo por los acontecimientos que las marcan, sino por las personalidades que cada personaje revela en cada una de ellas.

Argumentalmente Todos lo saben es un drama, una película de intriga, un thriller en el que nadie se muestra con total transparencia, la verdad nunca termina de estar clara y el tiempo juega en contra de la supervivencia. Artísticamente es una película de actores, la solidez del guión hace que este se convierta en una prueba de máximos. Prueba superada. El recital de Penélope Cruz es de órdago, no hay matiz, grado o estadio de la alegría y satisfacción inicial, así como del desconcierto, la desesperación, la angustia y la ansiedad posterior por el que no pase, muestre con hondura y nos haga sentir. Algunos de los planos que protagoniza son maestros por la belleza y atemporalidad que transmiten, por la perturbadora emoción que provocan.

Ella es la que guía el dibujo de lo que está ocurriendo y quien provoca que todos a su alrededor expongan sus cartas. Formando el triángulo más íntimo, Javier Bardem y Ricardo Darín se complementan con ella y entre sí para dar pie a una relación humana tan complicada como necesaria, logrando activar con total verosimilitud ese giro argumental que da profundidad a la historia. Junto a ellos, secundarios excepcionales como Barbara Lennie, Eduard Fernández y Elvira Mínguez la apuntalan, dándole la resonancia que esta demanda y el eco que la engrandece.

Por su parte, tanto el guión como la dirección de Fahardi no dejan ni un solo hilo sin atar y ni un momento sin proporcionar información en distintos niveles, simultaneándolos, entrecruzándolos y relacionándolos, pero sin afirmar cuáles son las causas, el origen o las consecuencias de los muchos y pequeños conflictos que se van desatando.

Él solo muestra el oxígeno que hace que lo no resuelto vuelva de las sombras en las que fue escondido por falta de valor o por el orgullo que impide aceptar la realidad tal cual es. Retornos que provocan que la sacudida desestabilizadora con la que arranca Todos lo saben se convierta en una atmósfera sorda, de respuestas cortas y miradas silenciosas, que nos oprime obligándonos a una catarsis de confesión sin tener la seguridad de que sea el precio a pagar para poder volver al terreno de la paz y el equilibrio personal.

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