“Abandonada” de Fernando Sáez

La última conversación entre Pablo Neruda y Delia Del Carril tras dos décadas de relación, la esencia de lo que queda tras veinte años juntos recogida en un único acto teatral. Los motivos del fin, los diferentes puntos de vista sobre lo vivido y la manera de afrontar el presente de una manera verdaderamente desnuda, haciendo de la intimidad un campo abierto en el que se exponen con toda su verdad el dolor femenino y la libertad masculina.

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Delia conoció a Pablo en Madrid en 1934, en los convulsos años de la II República española antes de nuestra Guerra Civil. Él aún casado y esperando una hija, tras cuyo fallecimiento al poco tiempo de nacer comienza una relación de pareja con ella, veinte años mayor. Quién le diría a Del Carril que transcurrido ese tiempo el ciclo llegaría a su fin y Neruda le expondría que igual que comenzó a estar con ella a espaldas de su matrimonio, ahora otra ocupa su lugar. Todo estalla cuando el poeta, ya un referente internacional, le propone una entente cordial en la que le adjudica el papel de esposa relaciones públicas y a su nueva acompañante el de amante carnal y habitante de su intimidad. Se abre entonces la caja de los truenos en la que todo lo vivido, compartido, sufrido y disfrutado juntos se convierte en madera de una hoguera cuyo fuego ella azuza con ansia mientras él intenta que las llamas solo acaben con lo estrictamente necesario.

Aquí nadie se guarda nada, ni ella sus sentimientos, ni él sus intenciones ni el autor las palabras. Cada uno expone sus cartas a un todo o nada. Ella quiere cerrar acabando hasta con el último de sus recuerdos, él hacer un punto de inflexión en que el pasado dé pie al futuro. Y Fernando Sáez media entre ellos dándoles la expresividad que necesitan, haciendo que nuestra piel sienta el latido del corazón, la mirada fría y la respiración contenida de ella, así como la mano tendida, la intención amable y la disposición a la concordia de él. Salen a la luz esos episodios, instantes concretos, en que se inició su separación y que hasta entonces no habían querido ver, que después no hablaron y que ahora ya es demasiado tarde para afrontarlos.

Cuando la herida ya se ha cerrado por sí misma, es difícil curarla y no hay posibilidad de establecer puentes entre las diferentes concepciones sobre los pilares en que se ha de sostener una relación. Delia entiende la fidelidad como lealtad mientras que Pablo como algo que se mantiene alimentado de humor y de deseo. Para esta mujer que se dispone a irse de la casa conjunta, el presente es también campo de construcción de lo que está por venir; para el hombre que se pasea por lo que fue su hogar con su perro, el aquí y ahora es terreno de improvisación y de espontaneidad, de dejarse llevar. Lo que se dicen, expresan, exponen y confrontan está tan lleno de sensaciones, de emoción y convencimiento que ambos resultan no solo creíbles, sino también –a pesar de las diferencias y distancia entre ellos- seres con los que es inevitable empatizar.

Abandonada quizás sea la transcripción de aquella conversación, una versión o una pura ficción, pero tiene la garra, la fuerza y la intensidad de la pasión de ese momento cumbre, solemne y único –tan inevitable como muy a su pesar- en el que se materializa, sella y rubrica el fin del amor.

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Un pensamiento en ““Abandonada” de Fernando Sáez

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