¿El “Idiota” nace o se hace?

Comienza jugando con el uso del lenguaje, sus significados y sentidos, para posteriormente situarnos frente a lo que decimos, cuánto de verdad hay en lo que expresamos y cuánto de inconsciencia y sinrazón. Dos actores que de las sonrisas iniciales nos van trasladando hacia una oscura y desesperante claustrofobia interior en la misma medida en que lo hacía Buero Vallejo en La Fundación.

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Ganar dinero de manera fácil es algo que nos atrae a todos. Si es conversando un rato sin más, más aún. Llamas al teléfono de contacto, vas al punto de encuentro, firmas y comienzas la sesión de la que esperas salir bien recompensando. Tan poco acostumbrados estamos a esta situación, como a cualquier otra que no forme parte de ese guión repetido hasta la saciedad que es cada día de nuestra vida, que se nos sube a la cabeza y nos desata una locuacidad facilona, con un punto casi patético –pero muy reveladora de nuestro nivel de civismo- que hace que nos tengan que llamar al orden. Eso nos desarma, nos descoloca, nos desnuda. Miramos a nuestro alrededor y este lugar de paredes entre minimalistas y asépticas y luces fluorescentes en el que estamos sentimos que no pintamos nada, que no somos más que un sujeto de estudio sobre el que se va a comprobar un algo que no sabemos qué es, del que no nos hemos informado. Lo cierto es que tampoco hemos demostrado interés alguno. Hemos acudido como hacemos con todo, como vivimos todo, en modo autómata, sin mirar, sin escuchar, con un pensamiento único en nuestra mente, sin equilibrio alguno entre deseos, realidad, necesidades y medios con que contamos.

¿Cómo responderemos cuando comiencen las pruebas? ¿Cuando nos pongan frente a situaciones que no imaginamos nunca? ¿Y si nos descubren que sí que las enunciamos, que las verbalizamos, que las invocamos no hace mucho tiempo? Entonces, ¿qué diremos? ¿Qué cara se nos quedará? ¿Qué pensaremos sobre nosotros mismos? ¿Seremos capaces de superar el reto? Y si no, ¿asumiremos sus consecuencias?

Preguntas que se plantean y viven sobre el escenario, pero que también llegan al patio de butacas. No solo para que empaticemos con ese anodino ciudadano que es un eficaz Gonzalo de Rojas sino para que nos pongamos en su lugar y reflexionemos sobre cómo vivimos nuestras vidas. Si nos relacionamos con las personas que deseamos hacerlo, si construimos el presente que realmente queremos, si aportamos lo mejor de nosotros mismos a aquellos que forman parte de nuestro círculo,…

Reflexiones a las que hay que dar respuesta clara, rápida y directa, sin ambigüedades ni peros. Un situación puntual que sirve como alegoría de qué queremos hacer con la vida. Pero no en genérico, sino en posesivo, que cada uno, cada espectador se plantee si quiere vivir su propia biografía con valentía y plenitud o vagar por ella con el miedo y la cobardía bajo los que nos refugiamos para no hacer frente a los errores y las decisiones que implican decir que no, marcar límites o comunicar finales de etapa.

Teatro que motiva, que estimula, que pincha, que incomoda, que sacude, esa clase de teatro es este Idiota, tanto el del adjetivo como el del acrónimo, I.D.I.O.T.A., que está tras él.

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Idiota en Teatro Pavón (Madrid).

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