“Quiérete mucho, maricón” de Gabriel J. Martín

Una conversación, una charla, un soliloquio en voz alta,… una síntesis de las mil y una pautas, consejos y ejemplos que supongo Gabriel J. Martín propone en sus sesiones terapéuticas a hombres cuya trayectoria vital no solo fue atropellada por la homofobia durante un tiempo (quizás sigan estando en ese estadio), sino que sigue viéndose afectada por sus invisibles y paradójicas secuelas. Un completo ejercicio de empatía con el que cada hombre homosexual puede hacer una auto reflexión sobre el grado de naturalidad, visibilidad y plenitud con que siente y lleva a la práctica su deseo y capacidad de interactuar, disfrutar y enamorarse de otro hombre.

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Hay dos cosas que Gabriel deja claro a lo largo de su obra. La primera es que Quiérete mucho, maricón habla de amor, de la capacidad y posibilidad de establecer relaciones afectivas que puedan derivar, si así lo queremos, en compromisos entendidos como proyectos de vida compartidos. Aclarar que también habla de sexo, pero no como el elemento que nos define, sino como un capítulo importante y fundamental, junto a otros muchos, del desarrollo de toda persona y relación. La segunda es que vivimos un momento en que se están derrumbando muchos de los falsos conceptos que a lo largo de años, décadas y hasta siglos se han alimentado sobre la homosexualidad. Ser conscientes de ello nos liberará de muchos de los prejuicios que hemos heredado, sufrido y hasta interiorizado, y nos permitirá construir un futuro en el que los que nos sucederán estarán, posiblemente, libres de semejante atrocidad.

Esta es una propuesta de un psicólogo, gay, sí, pero hombre de ciencias, con lo que todo lo que dice tiene tras de sí un dato contrastado. La suya no es una disertación libre y edulcorada para los que busquen un manual activista, un libro de auto ayuda para aquellos a los que les quede camino por hacer o un volumen con el que mentes autocomplacientes se sientan superiores por sí haberlo recorrido. Su oferta –con un estilo cercano, un lenguaje llano y plagado de ejemplificaciones y hasta confidencias sobre sí mismo- va dirigida a todos y a cada uno de nosotros, dejando claro que el proceso de normalización de la orientación sexual y afectiva comienza por una primera etapa de auto aceptación, pero que necesita también del ejercicio de nuestra dimensión social para desplegar, entrenar y ejercitar nuestras habilidades y capacidades afectivas. Somos seres individuales, pero formamos parte de una sociedad con la que convivimos, en la que nos comunicamos e interactuamos, accediendo así a unas posibilidades que nos hacen más plenos. Y no se trata solo de relacionarnos con otros homosexuales con lo que compartimos orientación sexual y afectiva –y en consecuencia, posibilidad de ejercitarlas- sino también con el amplio y diverso mundo sexual –heterosexualidad, bisexualidad, transexualidad,…- en el que vivimos.

Una realidad ya existente para muchos y un objetivo para aquellos que todavía no han llegado a ella y a los que se dirige especialmente Quiérete mucho, maricón. La homofobia es uno de esos grandes males tan extendido como invisible entre el género humano. No se trata solo de países en los que ser homosexual implica cárcel o pena de muerte, es también el recuerdo de lugares y tiempos recientes en los que era (o sigue siendo) habitual que ser identificado –o revelarse- como homosexual implicara ser despreciado y sufrir toda clase de vejaciones físicas y psicológicas por compañeros de colegio y de trabajo, vecinos, e incluso padres y hermanos.

Las profundas heridas que aquellos abusos causaron no son solo algo del pasado o que se acabará en el momento en que nos alejemos de las personas y del lugar en el que lo estamos recibiendo. Son una semilla y un irónico legado por el que el rechazado por gay, por homosexual, por marica, no solo se despreciará inconscientemente a sí mismo por ello –homofobia interiorizada-, sino que también ejercerá la violencia sobre otros por serlo o por parecerlo utilizando uno y mil prejuicios (ej. promiscuidad, afectación de infecciones de transmisión sexual, femineidad,…). Esa es la zona sensible a la que Gabriel J. Martín se propone ayudar a llegar a cada uno de sus lectores, si estos así lo desean y están dispuestos a trabajar siendo sinceros consigo mismos, para reconocer en qué medida esto les sucede o ha ocurrido y proponerles medidas con las que solucionar ese dolor –camuflado bajo síntomas como ansiedad, adicciones o comportamientos compulsivos- que sigue latente y eliminar las barreras y limitaciones que de tan consolidadas ya resultan invisibles.

La certeza de una vida mejor, de un presente lleno de posibilidades y de un futuro sereno y pleno está ahí, al alcance de todos. No solo debe ser un sueño, sino que es un derecho innato a toda persona, independientemente de su orientación afectiva. No siempre es fácil, a veces hasta es duro, pero está claro que se puede conseguir –con más o menos calma, con ayuda de psicólogos, amigos con que ya contemos o personas aún por conocer. Una nueva etapa de nuestras biografías cuyos logros demostrarán que realmente ha merecido la pena trabajar por llegar a ella y en la que decir alto y claro a uno mismo y a los demás, tranquilo y sonriente, eso de Quiérete mucho, maricón.

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