“Nuestra ciudad” de Thornton Wilder

Una pequeña localidad de poco más de tres mil habitantes del noreste de EE.UU. a principios del s. XX resulta ser el reflejo de todas las edades, roles y dimensiones del ser humano, social y familiar. Un texto cuya maestría está en la transparente sencillez de su estructura, los limpios diálogos de sus escenas y el completo conjunto de personajes que lo habitan.

OurTown

Tres actos que son otras tantas miradas sobre la ciudad de Grover’s Corner en tres fechas -1901, 1904 y 1913- con dos familias como hilo conductor, los Webb y los Gibbs. Dos ejemplos de lo que EE.UU. ha querido mostrarnos durante mucho tiempo como modelos de su sociedad, maridos dedicados a profesiones con reconocimiento –el director del periódico local y el doctor-, casados con mujeres que llevan el día a día de sus hogares y la educación de sus hijos. Habitantes de un lugar cuyas coordenadas urbanas –la estación del ferrocarril, las distintas iglesias, los colegios, la avenida principal- son descritas por un narrador que entra y sale libremente de escena y cuyo papel es darnos las claves necesarias en cada momento para que entendamos dónde estamos y qué está ocurriendo. Apelando directamente al espectador/lector desde dentro de la acción que le convierte en un personaje (sin voz) introducido de lleno, como un vecino más, en los acontecimientos –un parto, una boda, un funeral- que articulan la vida social de esta comunidad.

Una población con unos valores y creencias profundamente conservadoras, tal y como refleja Thornton Wilder. La vida se concibe como una unión de hombre y mujer, y sus grandes momentos son el matrimonio y el nacimiento de los hijos, hitos tras los cuales queda la convivencia familiar y en pareja hasta que llegue el momento de la muerte. Esa es la idea que articula este relato teatral haciendo que las dos dinastías protagonistas queden unidas mediante el casamiento de sus primogénitos en una relación que vemos evolucionar de la amistad al noviazgo y de ahí al altar. Sacramento bajo cuyo paraguas el que hombre y la mujer tienen roles muy determinados, él piensa qué oficio ejercer para ganarse un porvenir tanto para sí como para los suyos y ella busca alguien que la quiera. Una visión que refleja cómo era EE.UU. en las primeras décadas del siglo XX, Nuestra ciudad fue representada por primera vez en 1938, pero el tiempo transcurrido nos permite decir que esta visión no solo era entonces mayoritaria, sino que sigue siendo hoy la de buena parte de la sociedad norteamericana.

Esta obra resulta una disección casi antropológica del ser humano, tremendamente fácil de entender gracias a la sencillez de los diálogos escritos por Wilder. Nuestra ciudad es una sucesión de escenas de lo más cotidiano (el reparto de la leche, la reunión del coro eclesiástico, la salida del colegio, el desayuno familiar,…) que en la obra de otros dramaturgos serían utilizadas como intermedios entre grandes momentos de tensión. Él, en cambio, sabe hacer de episodios aparentemente anodinos, hechos que marcha la biografía de sus protagonistas. Una fluidez que pone cada persona y momento en su lugar en un tranquilo, sosegado, acumulativo y lógico discurrir.

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