“Pollo” de David Henry Sterry

Un relato árido y áspero sobre lo que es ganarse la vida con diecisiete años, creyéndose valiente, duro y adulto y no ser más que alguien indefenso, usado  y manipulado. Una visión realista y asertiva sobre la experiencia de la prostitución heterosexual masculina, centrándose en los hechos sucedidos y en las vivencias experimentadas. Sin adornos. Sin excesos. Sin gratuidades.

Pollo

Todo título autobiográfico que llega con la premisa de contar una experiencia única, suscita el temor de ofrecer una creación que tiene mucho de catarsis necesaria para el que la firma, pero poco o nulo interés para el lector al que se la ofrece. Sin embargo, en esta ocasión, no sucede así. David Henry Sterry tiene en cuenta que al otro lado de las páginas hay alguien con quien tiene que cumplir un doble objetivo: hacerle llegar en primera persona sus vivencias y conseguir que le resulten interesantes y entretenidas hasta el final.

Con diecisiete años, en 1974, Sterry se trasladó a Hollywood para realizar su último curso de instituto antes de entrar en la Universidad. En su primer día se ve sin techo y con unos padres separados tan ausentes como lejanos, tanto ellos como el destino le dan la espalda y se encuentra siendo drogado y violado. En el marco de este inicio, la providencia le da una tregua y surge alguien que le da la posibilidad de ganar dinero, de ser un pollo, a cambio de dar placer con su cuerpo a quien esté dispuesto a pagar por ello. Comienza entonces una triple vivencia, la del chaval con un físico potente que aún no es mayor de edad, la del gigolo merecedor de grandes propinas de sus clientes y la del niño aún unido emocionalmente a sus progenitores.

Lo que se inicia como una historia de descubrimientos, de transformación a intervalos en un personaje para introducirse en una nueva realidad, deriva en un viaje profundo y oscuro hacia lo más recóndito de la intimidad y el comportamiento del ser humano. Cada capítulo trae consigo la historia de un nuevo cliente, un ser que, dinero mediante, pide ayuda para acceder a aquellos rincones de su persona –insatisfacciones, ausencias, parafilias,…- necesitados  de expresión, de limpieza, de aire fresco. Un proceso en el que, a pesar de sus frenos, David se ve arrastrado y ha de hacer frente no solo al infierno de su pagador, sino también a la llamada inesperada, violenta y salvaje de sus propios demonios. Estos le ponen también de por medio la trampa de los recuerdos de su infancia y reciente adolescencia, positivos unas veces, crueles, dolores y aun persistentes en otras ocasiones.

Una bomba de relojería que el protagonista narrador vive con aparente relax, pero que en su lector va creando una tensión creciente que le hace devorar las páginas para bucear con él tanto en el submundo de la especie humana como en la olla a presión a la que está sometiendo a su inmadurez e inexperiencia. Pollo es una muestra de que buena parte de la realidad de la vida no tiene nada que ver con las imágenes que vemos y presuponemos. Una densa penumbra a la que Henry Sterry le ponen las palabras justas y necesarias para crear un relato preciso e impactante.

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