“La difícil vida fácil” de Iván Zaro

Aquello que no vemos no existe, a lo que no le ponemos palabras exactas no lo hacemos real. Acabar con estas dos injusticias que conducen a la oscuridad, al olvido y al estigma es el objetivo de Iván Zaro en esta obra sobre los trabajadores masculinos del sexo. Doce desnudos y sinceros testimonios con los que conocer la verdad, los sinsabores y los aspectos más humanos de una actividad negada socialmente y obviada legalmente.

dificilvidafacil

El curriculum de Iván Zaro dice que tiene tras de sí más de una década de experiencia profesional en el campo de los trabajadores masculinos del sexo, así como con personas con VIH, colectivos no necesariamente unidos, pero que en muchas ocasiones están separados por tan solo líneas discontinuas. Con este bagaje a sus espaldas, Iván presenta este libro, resultado tanto de su trabajo de campo sobre el terreno como, y más importante aún, por las relaciones personales que ha establecido en él. Yendo más allá de los datos numéricos para entrar en lo realmente humano, en las vivencias de una docena de hombres para entender qué hay en el antes, el durante y el después de recurrir al sexo como ocupación profesional, como fuente de ingresos.

Zaro introduce cada uno de los perfiles con una breve presentación sobre las coordenadas en las que estos ejercen o han ejercido la prostitución, desde cómo se presentan a sus clientes (en la calle, en bares, saunas o a través de internet), el tipo de servicios que ofrecen o sus circunstancias más personales (inmigrantes irregulares, relaciones familiares, situación socioeconómica,…). Esos son los breves apuntes que en estas páginas se dedica al lenguaje técnico –pero siempre con una redacción accesible, apta para todos los públicos- de la sociología. A partir de ahí, todo el espacio está destinado a los auténticos protagonistas, a aquellos que se sirven de su cuerpo como manera de ganarse la vida.

La narración en primera persona, el aspecto de conversaciones transcritas que tienen las palabras que leemos es un primer golpe de autenticidad de lo que cuentan Javier, Joan, Sega o Mitko, entre otros. Nombres que comparten puntos en común como un momento en su vida en el que se encontraron en la más absoluta soledad y vacío, sin papeles y sin posibilidad de un trabajo, saliendo de un internado y no teniendo dónde dormir, llenos de deudas y sin medios con los que poder liquidarlas. Avocados a conseguir dinero con lo único que tenían, su cuerpo, cosificándose a sí mismos y a algo que no habían hecho hasta entonces. U optando por darle mayor entidad a aquello que les había surgido, por iniciativa propia u por ofrecimiento de otros, en el pasado.  Golpes del destino que nunca antes hubieran imaginado o que ya conocían por una temprana introducción en el sexo, generalmente relacionada con el abuso de mayores en el entorno familiar.

Sin embargo, cuidado con establecer patrones y reglas que hagan tabula rasa entre todos ellos porque hay excepciones, como el que vio en esta actividad una manera de dar un giro a su vida o de conseguir un beneficio económico de unas habilidades por cuyo disfrute hay quien está dispuesto a pagar (como es el caso de los llamados servicios especiales). En lo que sí coinciden es en cuestiones a las que se ha de hacer frente en un terreno de juego tan primario y visceral como es este y al que muchos de sus clientes llevan reglas propias como es el sexo no seguro o las drogas. Amenazas a las que a veces se les sabe marcar límites y otras en las que, ante la alternativa de caer en los números rojos, se le dice que sí en ocasiones.

Un mundo invisible por todas partes, desde el lado del que paga como desde el que cobra. El primero por hacerlo a espaldas de su entorno, por encontrar en él una isla en la que puede ser él mismo y dar rienda suelta a sus instintos, pero al que nunca reconocerá haber acudido. En el segundo porque el sistema legal no le considera, no es una actividad regulada, por lo que no solo no paga impuestos, sino que los que la ejercen no cuentan con respaldo ni defensa alguna ante los abusos que puedan sufrir en su ejercicio (como pueden ser clientes que no respeten las condiciones acordadas o no paguen). Una negación y una ignorancia que son el paso previo al rechazo y a la estigmatización. La presión y la falsa imagen transmitida por algunos de los actores de nuestro entorno –social, mediático, político y judicial- se convierte en dura prueba psicológica para la autoestima personal para hombres como Damián, Juanjo, Mario o Alvaro, así como una lucha continua contra los prejuicios de los demás para poder convivir a todos los niveles (como vecino, amigo, familia o pareja).

Está claro que la prostitución, tanto masculina como femenina, forma parte de nuestro mundo, que los trabajadores del sexo han existido desde siempre y todo apunta a que seguirán siendo un colectivo profesional integrante de nuestra sociedad. Una situación que no se puede obviar y a la que hay que dar carta de identidad para posteriormente regular su actuación y funcionamiento. Pero ese es otro debate, el primer paso es reconocer y visibilizar su existencia, un papel que cumple muy eficaz y claramente lo que Iván Zaro nos expone en La difícil vida fácil.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s