“La rosa tatuada” en el pecho de Aitana Sánchez-Gijón

El nombre de Tennessee Williams como autor y el de Aitana como cabeza de cartel prometen mucho. El tercer lado de este triángulo creativo es una directora que ha construido su montaje con proyección tras proyección, momentos drag, comedia a lo José Luis Moreno y un hilo musical de ascensor. A pesar de ello, el texto consigue ser escuchado pese al ruido continuo que lo amenaza y Sánchez-Gijón brillar bajo semejante desatino.

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Tennessee no es el exceso con el que muchas veces se le identifica. Lo que sus textos ofrecen, sin tapujos ni adornos, es una completa disección de los rincones más profundos y ocultos de nuestros corazones, almas y conciencias. Un territorio al que no es fácil llegar y al que es más complicado aún hacerle frente. La verdad desnuda, esa que no se puede eludir con evasivas, medias tintas y auto engaños, puede dar mucho miedo.

Además de por su maestría formal, el valor de profundizar hasta esos lugares tan poco visitados fue el que desde el primer momento hizo de este estadounidense un grande de la literatura. La rosa tatuada es una buena muestra de ello, más aún, y al igual que sucedió con otros títulos suyos, por su brillante adaptación cinematográfica. La combinación de sus palabras con la imagen en blanco y negro de Anna Magnani dándolo todo como Serafina della Rose –inmigrante italiana, esposa y amante fiel de un marido recién asesinado y madre de una hija adolescente- es un referente marcado a fuego en el imaginario habitual de este escritor.

Sin embargo, viendo lo representado en el escenario del María Guerrero, da la impresión de que su directora se ha propuesto desmarcarse de todo esto para intentar hacer de Williams algo que no ha sido hasta ahora. Carme Portaceli se aleja del tono que desprende el texto originalmente estrenado en 1951 e intenta darle otro aire, quizás con buenas intenciones, pero sin éxito alguno. Una pena que teniendo un material con el que construir arte, acabar produciendo poco más que un banal entretenimiento.

El primer acto comienza bien, con una Aitana espectacular, bella, guapa, con un porte y una figura de rompe y rasga, llenándolo todo con su mirada, sus movimientos y su voz. Pero enseguida comienza el recorrido alternativo a la propuesta de su autor que es este montaje. Las proyecciones resultan poco más que fotografías con animación y aportan aún menos cuando se utilizan para hacernos llegar unas emociones que ya hemos captado a través del trabajo de los actores. Un arranque en el que a pesar de algún otro momento, como el número musical a lo Priscilla con el que se ejemplifica las pocas opciones escapistas que se tienen en los bajos fondos de Nueva Orleans, se mantiene un equilibrio dramático en el que la premio Max de este año –acompañada de las secundarias Paloma Tabasco y Ana Vélez- aguanta firme la borrasca.

El desbarajuste llega cuando Serafina y su historia han de afrontar un cambio en su trayectoria y hacer frente a la presencia de un nuevo hombre en su vida. Lo que tendría que haber sido un episodio entre dos seres deseosos de encontrarse resulta ser un prolongado sketch, como aquellos de Matrimoniadas en los que los actores parecen ir de gag en gag. El realismo, la veracidad y la naturalidad que pide este momento se ven contaminados por un histrionismo que provoca, incluso, alguna sonrisa de incredulidad.  Y así hasta el final, con algún que otro desatino más al que se suma la pronunciación en italiano de la mayoría del elenco, con un nivel que hubiera necesitado de algo más que de la condescendencia del público para considerarse aceptable.

Concluida la función, uno no sabe si sentir rabia por no haber visto cumplidas las expectativas con las que compró su entrada semanas atrás, o admiración por un conjunto de actores que hubieran podido dar tanto y de los que se ha extraído tan poco.

La rosa tatuada, en el Teatro María Guerrero (Madrid).

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Un pensamiento en ““La rosa tatuada” en el pecho de Aitana Sánchez-Gijón

  1. marianoks

    Absolutamente de acuerdo contigo. Yo salí sin saber si habia te visto una commedia all’italiana de Chamberí…o un arniches de Sicilia… Todavía lo dudo!! Caspa de dirección!!

    Responder

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