“De algún tiempo a esta parte”

Max Aub retrató magistralmente la barbarie que es vivir entre dos guerras, entre la civil española a la que ha marchado un hijo a defender sus principios, y la Viena de 1938, ya sometida al escarnio nazi. Carmen Conesa es ahora, en una brillante interpretación, esa madre y esposa que a pesar de tener el corazón encogido y las manos agrietadas, cuenta con una voz fuerte que no se rinde ni se apaga frente a la adversidad.

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Con apenas unas luces y sobre un suelo irregular, una mujer nos va mostrando distintos momentos sobre los que transita una vida con un rico pasado y un negro futuro. Una escenografía austera y poco más que un par de focos sobre su rostro y su cuerpo bastan para acompañar a un discurso con el que nos da a conocer el contraste entre un antes y un ahora en que ha pasado de contar con una familia, un cómodo hogar y la belleza urbana de la Viena de los años 30, a un presente de soledad violenta, una vivienda destruida y un entorno arrasado por aquellos que tienen como objetivo implantar la pureza aria.

A pesar de los destrozos materiales y espirituales con que la guerra va minando cuanto hay de humano en las coordenadas de Emma, ella se mantiene en pie, firme y estoica, armada con el valor que le dan las emociones que le suscitan los recuerdos de un hijo del que no se sabe nada desde que marchó a España a luchar en el bando republicano y un marido al que se llevaron los nazis. A pesar de la oscuridad, el frío y la incomunicación que la rodea, Aub pone en sus labios un monólogo valiente y conciso con el que nos muestra las brutales consecuencias que tienen, tanto en la privacidad de su casa y de su persona como en las calles y la convivencia de su ciudad, los salvajes principios fascistas. El texto es de una tremenda claridad, una naturalidad tal que parece ser más una transcripción de lo visto y sentido por un testigo presencial de los hechos narrados, que un ejercicio intelectual de una persona con necesidad de ponerle palabras a lo que le inquieta y necesita expresar.

El trabajo actoral de Carmen Conesa es perfecto. Su interpretación va más allá de convertirse en una mujer con los dedos entumecidos por los sabañones, los pies helados a pesar de rodeárselos con papel de periódico y el pelo sucio por no contar con agua corriente para poder lavarse. Esa es la labor previa con la que se presenta en el escenario para, a partir de ahí, trasladar hasta el corazón y el estómago de sus espectadores el efecto de un día tras otro sin percibir el discurrir de las horas, mesas con platos sin comida que llevarse a la boca y ausencias sin coordenadas que permitan saber si alguien está con vida o dónde encontrar su cadaver.

Si un mensaje queda claro en el texto de Max Aub, amplificado por la interpretación de Conesa, es que una guerra no transcurre tan solo en el campo de batalla, que no consiste únicamente en ejércitos luchando entre sí o bombardeando las ciudades del enemigo. No, hay una faceta aún más cruel e invisible de todo conflicto bélico, aquella que normalizando las diferencias entre iguales y legalizando la brutalidad física y psicológica como sistema de gobierno, traslada la lucha por sobrevivir y mantener la dignidad humana a las calles de las urbes que habitamos, a la convivencia entre vecinos y a no sentirnos seguros siquiera en la intimidad de nuestros hogares.

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De algún tiempo a esta parte” en el Teatro Español (Madrid).

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