Sobrecogedor relato el de “Amy (la chica detrás del nombre)”

No es este un documental que nos revele a la persona tras la artista, sino una muy bien elaborada propuesta –sin sentimentalismos ni gratuidades y con un excepcional trabajo de archivo y de montaje- sobre la mujer que pudiendo haber llegado a ser un genio de la música, en lo humano nunca consiguió ser una verdadera adulta. Una combinación de planos que dio como lugar una trayectoria en la que nadie a su alrededor supo, quiso o fue capaz de evitar su autodestrucción.

amy

Hubiera sido muy fácil retratar los 27 años de vida de Amy Winehouse como un camino del anonimato a la fama universal y los más grandes premios (cinco Grammys en 2007, entre ellos mejor álbum y mejor nueva artista) salpicado de episodios de alcohol, drogas y hombres. El recurso es fácil, hubiera bastado con tirar de las portadas de escándalo de la prensa amarillista inglesa y del archivo de emisoras de tv, y editarlo alternado con entrevistas llenas de declaraciones edulcoradas y primeros planos de los rostros circunspectos de las personas de su entorno personal y profesional.

Sin embargo, Asif Kapadia ha realizado un trabajo mucho más creativo y humano. Para ello ha buceado en la historia personal de Amy antes de que fuera un personaje público, pasando por su adolescencia y llegando hasta a su más temprana infancia. Etapas en las que se fija en determinadas cuestiones que estarán presentes a lo largo de toda su vida, condicionando la manera en que integrará las elecciones e imposiciones que supone el tener una carrera musical profesional de primer nivel. Tras una niñez marcada por la ausencia de su padre y una madre que no ejercía como tal, en su adolescencia bulímica y con sus primeros tratamientos fármaco-psiquiátricos, el jazz era su estímulo, sus ganas, su ilusión. Cuando Amy cantaba, era un torrente de voz, un derroche de emoción al micrófono que se fusionaba completamente con el espacio en el que interpretara, dejando boquiabiertos a quienes la escucharan. De ahí que atrajera el interés de la industria, no solo por su capacidad artística, sino también, por su potencial comercial.

A partir de aquí los aspectos públicos de la historia son los que ya conocemos, pero nos falta por saber de cuáles fueron consecuencia o a qué otros dieron lugar. “La chica detrás del nombre” hace de una imagen plana -de aquellas fotografías de una mujer que por efecto de las drogas respondía toscamente a los paparazzis a la puertas de su casa o a la que el alcohol la hacía tambalearse sobre los escenarios ante miles de personas- una realidad tridimensional. Contextualiza, presenta factores y atenuantes, una completa cronología de acontecimientos sin apuntar a culpables ni salvar a inocentes. Sin justificar, pero sí explicando.

La base es un excelente trabajo de documentación y de edición utilizando multitud de grabaciones audiovisuales, profesionales unas, caseras otras, en las que podemos ver tanto las imágenes más deslumbrantes como las más amarillistas del personaje público que fue Amy Winehouse, así como vídeos caseros e imágenes familiares de una pequeña niña en el salón de su casa de Londres o a una adolescente jugar con sus amigas en el jardín del mismo hogar o de vacaciones en Mallorca. El sobrio y asertivo relato compuesto por el director deja fuera de plano a las personas que formaron parte de su entorno pero que no fueron personajes públicos. Sin embargo, no prescinde de ellas y las integra en el discurso visual aportando sus puntos de vista y vivencias a través de sus voces en off subrayando, explicando o matizando lo que las imágenes proyectadas están contando en cada momento.

“Amy” es un documental casi más periodístico que artístico, con una marcada y clara intención de objetividad. No simplifica ni emite sentencias, presenta los acontecimientos que demuestran que la vida es sencilla cuando la creemos compleja y que tiene múltiples planos cuando nos empeñamos en simplificarla. Paradojas que hicieron que Amy Winehouse, a pesar de ser un personaje destinado a convertirse en una gran estrella, fuera también una persona que, dejada a su suerte en un entorno de cosificación muy exigente como es el de la industria discográfica y sin tener un camino personal claro ni capacidad para encontrarlo, acabara consigo misma.

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2 pensamientos en “Sobrecogedor relato el de “Amy (la chica detrás del nombre)”

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