“Novio boy” de Gary Soto, manual para conseguir una primera cita

Una obra escrita para primeros adolescentes sobre las relaciones entre chicos y chicas y entre jóvenes y adultos, en el marco de la convivencia cultural que experimentan las segundas generaciones de inmigrantes mexicanos en territorio norteamericano.

NovioBoy

Los chicos con los chicos y las chicas con las chicas, así es como viven la mayoría de los niños su infancia a la hora de establecer relaciones sociales entre iguales. Sin embargo, cuando la cuestión hormonal comienza a aparecer en el tablero de juego bajo la forma de atracción, ya no se bastan ellos por su lado y ellas por el suyo, se buscan los unos a los otros. Ahí es donde comienza “Novio boy”.

Pero no es todo tan fácil, surgen otras circunstancias que ponen límites (un año de edad es un mar de distancia, y no digamos dos) o lo hacen difícil (cosas tan simple como invitar a merendar son un reto al no contar con presupuesto  para ello). Al tiempo, los adultos pululan por ahí con sus propias historias: búsqueda de empleo, vacío emocional o eterna insatisfacción; a la par que tienen una importante y fundamental cuestión eternamente pendiente con los más jóvenes, la dicotomía entre controlar y dejar hacer.

Con todos estos elementos Gary Soto crea una estructura sencilla y líneal en la que primero presenta cada grupo de personajes y sus circunstancias con un lenguaje directo y claro para que no quede duda alguna del mundo que nos está dando a conocer. Después muestra los cruces de relaciones que hay entre ellos, creando situaciones de enredo y aparente caos y absurdo en las que se ponen de relieve las diferencias, prejuicios y retos a los que presuponemos han de hacer frente las relaciones sociales y afectivas de sus protagonistas. Finalmente la historia se resuelve juntándolos a todos en un mismo lugar y escena final en la que todo se confronta e inevitablemente se resuelve con ciertas dosis de previsibilidad.

El uso del spanglish, un talk-show radiofónico con un locutor repartiendo trucos de amor, revistas utilizadas como catálogos de chicos guapos, peluquerías como centro de discusión de cotilleos o música en directo son algunos de los recursos con que se da viveza a una acción aparentemente escrita para los que tienen los catorce años de Ricky y Alex, los dos caracteres provocadores e hilos conductores de cuanto ocurre en este libreto de siete secuencias. Sin embargo, creo que los casi veinte años transcurridos desde el estreno de “Novio Boy” en Richmond (área de la bahía de San Francisco), hacen que la inocencia con que se plantea el juego de una primera cita entre escolares sitúe su público lector hoy entre los que tienen algún año menos.

En todo caso, y al igual que sucede con la novela, bienvenido sea que haya textos teatrales bien planteados y correctamente escritos y estructurados que introduzcan a los más jóvenes en el placer de la lectura y del disfrute como espectadores de las representaciones de este género literario.

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