“Smiley, una historia de amor”, magia sobre el escenario del Teatro Lara

smiley

El inicio de “Smiley” es un foco de luz iluminando a un chico rubio, guapo, atlético, sexy,… que comienza a hablar por teléfono. Varios minutos de un monólogo en el que abre su corazón y expone sus emociones con la más absoluta franqueza, sin pudor alguno. Su mirada, sus gestos, todo su cuerpo acompaña a su voz expresando con la más absoluta sinceridad la eterna insatisfacción, una vez más, de otro amor frustrado.

En ese momento el silencio de la sala se hace tiernamente sobrecogedor. Alex conquista a todos los allí presentes no solo con su belleza, sino también con su alma. Nos apena su desilusión y nos sentimos identificados con su deseo y su ilusión de una vida compartida que no llega nunca a materializarse. Esto no ha hecho más que comenzar y… ¡Vaya arranque el del texto de Guillem Clua! ¡Qué interpretación la de Ramón Pujol! En mi butaca de la segunda fila, este que soy yo, dejó de ser un espectador para pasar a ser un testigo entregado, deseoso de saber, conocer y vivir el devenir de esta historia apenas iniciada.

Y entonces aparece Bruno, un tipo normal, ni guapo ni feo, con una presencia anónima, por el que no te girarías si te lo cruzaras en la calle. Esa clase de personas que te asombran cuando tienes la oportunidad de conocerlas en el tú a tú, en las distancias cortas. Cuando Bruno comienza a hablar surge ese yo que muchos –todos, ¿no?- somos en tantas ocasiones, torpe e impreciso por su timidez e inseguridad. Así, con la entrada en escena de Aitor Merino y su aparente no decir nada, sus frases a medias, su estar y no estar, “Smiley” aumentaba su registro y nos cautivaba a los que estábamos en la sala por su fresca recreación aún mayor de la vida… real.

Para conocer qué pasa a partir de aquí tendréis que acudir al Teatro Lara. Os vais a encontrar un amplio registro de emociones por parte de Ramón Pujol y de situaciones brillantemente resueltas por Aitor Merino. Pero sobre todo, lo más genial es el texto de Guillem Clua apelando al público, haciendo universal las ganas de amor de estos dos hombres, de Alex y de Bruno. “Smiley” divierte y emociona, te hace reír y te sobrecoge gracias a sus dos protagonistas tan bien construidos sobre el libreto y convertidos posteriormente en personajes de un absoluto verismo gracias a un soberbio trabajo de dirección e interpretación.

Las casi dos horas de representación logran algo que solo las buenas obras consiguen, que los espectadores nos identifiquemos con cuanto acontece en escena, que veamos reflejados sobre el escenario momentos de nuestra vida y nuestro corazón. Esa es la magia del teatro, esa es la magia que tiene “Smiley”.

Teatro Lara. (Madrid). Todos los sábados 21:15h y domingos 19h.

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