Desnudez emocional e intensidad dramática: “The red fire” de Zoubeir Ben Bouchta

TheRedFire

Coincidencia de dos cuestiones. Primera, esta obra es una versión teatralizada de una de las cinco narraciones orales que el neoyorkino fijó al papel en el tiempo que vivió en el norte de Marruecos. Y segunda, compré esta obra en la librería Colonnes, la habitual de Paul Bowles en Tánger.

Como en la anterior obra que leí de Ben Bouchta, “Shakespeare Lane”, el amor y el poder son nuevamente la causa de cuanto sucede. Pero esta vez no hay amor, sino no amor, odio. Otra manera de que el eterno amor sea el motor de nuestras vidas y acciones. Porque el odio no separa, sino que une, hace que establezcamos lazos, lo heredan las siguientes generaciones y así es como perdura en el tiempo, marcando, complicando y limitando las relaciones entre hermanos, entre amigos, entre esposos o entre padres e hijos.

Zoubeir Ben Bouchta hilvana con diálogos directos a los personajes en “The red fire”. Con el hilo del odio y el poder del sometimiento que este busca, invitándonos a que lectores o espectadores se extrapolen a sí mismos lo que un mellizo le dice a su melliza (“It´s true you’re my brother and a piece of me, but I won´t have mercy on you. I will take you to your death bit by bit”), un marido a su mujer (“People marry because they don´t know how to love. As soon as they get married they become enemies and they don´t know what to do with each other”) o un hijo a sus padres (“The origin of animosity is love when one does not know how to love. If one comes to this word with love, how do you want me to be yours when you are the enemies of yourselves? I am guiltless of your animosity”).

En este mundo de desasosiego hace su presencia otro que no es humano que entra en escena con despliegues de iluminación y diálogos líricos y musicales, de frases enigmáticas y palabras de gusto retórico, pero de anestesia para la acción de sus interlocutores. Es el de los dioses y el misticismo. Quizás sea un plano solo soñado o imaginado, pero se hace parte del mundo de los personajes reales al convertirse en algo a medio camino entre su motivación y guía para ser dirigidos hacia no se sabe dónde. Y he ahí la paradoja, sin destino conocido ni intencionado, no hay movimiento, sino estancamiento. Entonces, ¿hacia dónde van estos personajes? Van hacia donde ya están, un mundo que no quieren ni desean. Así es como odian el mundo en que viven y se auto condenan a perpetuar y propagar su odio tanto en el espacio -con aquellos con los que se relacionan- como en el tiempo -con aquellos que les precedieron o que les seguirán-

Los llegados del plano celeste tienen también la misión de actuar como narradores para atraer al lector a lo que sucede en escena. Una vez aquí, la desnudez emocional de los diálogos entre los pocos caracteres de este libreto se convierte en una atmósfera en la que se avanza hacia adelante con el paso lento de las sensaciones y los sentimientos que lo inundan todo. Un ritmo preciso y tranquilo que avanza con sosiego hacia la intensidad dramática, y que imagino que en una correcta y bien dirigida puesta en escena será un gran regalo para sus espectadores. Una suerte, la de ver “The red fire” representado en escena que espero llegar a disfrutar algún día.

(imagen tomada de http://icpsresearch.blogspot.com.es/)

 

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