“No Man’s Land” de Mohammed Kaouti

NoManLand

A medida que pasan los años la historia arroja luz sobre acontecimientos recientes como fueron en Marruecos los llamados años de plomo de la monarquía de Hassan II (1961-1999). Hasta en el propio país lo han hecho con un especial televisivo en diciembre de 2004 con entrevistas a torturados de aquellos años en un programa que batió records de audiencia.

Pero antes de la historia, cuando esa realidad era el presente, ¿cómo podían comunicar los marroquíes esa realidad de plomo que estaban viviendo? El control y la censura lo debían hacer extremadamente difícil, pero ante las imposibilidades es donde surgen artistas con la creatividad e inteligencia suficiente para expresarse sorteando los límites y las amenazas.

Eso es lo que en la década de 1980 fue capaz de hacer Mohammed Kaouti escribiendo “No man’s land”. Un relato descarnado del efecto que la tortura física y psicológica tiene como objetivo conseguir, nuestra más completa deshumanización. Kaouti deja atrás la narración de cómo se infringe la tortura y se centra en lo que es más importante, en los efectos destructivos y aniquiladores que la violencia tiene sobre la persona que la recibe.

“No man’s land” son las vivencias de X, su protagonista, primando sobre los acontecimientos las sensaciones que estos le producen. En sus cuatro actos pasamos de la impotencia (“… within me is a cursed soul…”) a la tortura y la desesperación (“… I beg for mercy and all I get is the echo of my calls…”), de ahí a una extrema confusión (“… my soul’s squeezed dimming my flare in ways that I fear…”) y al anhelo místico, al deseo de trascendencia que de un sentido al sufrimiento vivido (“… on your path I shall find my answers and inner peace, to you I shall always be faithful…”).

Sus experiencias son también las del lector del texto de Kaouti (y supongo que también las del espectador de sus montajes teatrales). Su impotencia es la tuya frente a un discurrir de diálogos que no sabes a donde te lleva, su desesperación y desorientación es la tuya frente a lo que está viviendo y sus causas, su confusión es la tuya en las interacciones con los coros de caras y de máscaras interpretados por los mismos actores,  su anhelo de trascendencia es el tuyo en el deseo de encontrarle un sentido y un más allá a la barbarie.

Angustia y desconcierto que pueden hacer abandonar el libreto al no acostumbrado a lo que es el buen teatro, no tan sólo ser testigo de lo que viven unos personajes, sino identificarse plenamente con ellos y vivirlo y sentirlo como ellos. Probablemente no entender esto fue lo que permitió a la obra pasar la censura, lo que nos demuestra que aunque haya momentos en que nuestro mundo pueda estar gobernado por la fuerza y el miedo, hay otros motores de convivencia como la inteligencia, la creatividad y la sensibilidad que están por encima de aquellos. Cuestión aparte es conseguir que colectivamente vivamos más gobernados por valores inspiradores del desarrollo humano que por instrumentaciones controladoras y represivas.

(imagen tomada de amazon.com)

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